Villa Pehuenia
Hace un par de meses, y por la recomendación de nuestros amigos Paula y Pancho, cruzamos la cordillera y partimos a conocer la Villa Pehuenia.Luego de sacar el seguro, poner lo justo de bencina (porque todavía era barata para los chilenos) y disponernos disfrutar, partimos hacia Melipeuco e Icalma. Nuestra primera impresión fue que, pasada la frontera, todo cambiaba. El camino era asfaltado, la señalética super clarita y a sólo un par de minutos, ya avistabamos el lago Aluminé y el lugar de nuestro destino. Nuestra segunda impresión no fue tan alegre, pues nos dimos cuenta que a la hora que llegamos (a eso de las 17 hrs) no había abierto ningún lugar para comer. Al final, después de recorrer por muchos lados, llegamos al café Gnaien, donde pudimos disfrutar algunos bocadillos que, como único lugar abierto, no eran nada de baratos. En fin, tampoco nos podiamos regodear.
Luego, vino nuestro segundo periplo, tratando de encontrar un sito para alojar. Todo estaba lleno. Finalmente, encontramos unas cabañas en Moquehue, una localidad que está a unos 20 minutos de la Villa Pehuenia. Y la espera valió la pena. La cabaña era construida entera en piedra, tenía una chimenea soñada y estaba emplazada en medio de un bosque de araucarias. La cena completó el día en la Hostería Moquehue, con trucha, asado de chivo y ñoquis.Al día siguiente, partimos a conocer. Rumbos al sur, rodeamos el lago Moquehue, pasando junto al lago Ñorquinco y otros más pequeños, hasta llegar a Aluminé. Allí almorzamos y disfrutamos de la tranquidad de esta ciudad. De regreso, rodeamos la ribera oriente del lago Aluminé hasta llegar a la Villa Pehuenia. Seguimos nuestro recorrido, paseando por las calles de la Villa, disfrutando de la arquitectura de montaña, lo apacible del lago y la amabilidad de su gente. La cabaña nos esperaba con la calidez de la chimenes y lo agradable de llegar cansados a dormir.
Al día siguiente, junto con despedirnos de los dueños de las cabañas (la señora era chilena), conocimos a un matrimonio que nos animó a seguir volver por esos lados y seguir conociendo la hermana república, como ellos lo hacian habitualmente.

Recogido el campamento, partimos hacia el volcán Batea Mahuida, donde pudimos disfrutar de la laguna que hay en el cráter. Desde allí, pudimos observar un paisaje imponente que nos permitía ver desde el Volcán Lanín hasta el Llaima, en el lado chileno y los lagos Aluminé y Moquiehue en el lado argentino.
Finalmente, y antes de volvernos, partimos al supermercado donde nos trajimos todo lo que acá encontramos al doble de precio.
Al cruzar la frontera volvimos a la realidad. La precariedad de nuestros caminos, nuestra pobre arquitectura y la escasa oferta turística, a pesar del paisaje mucho más intenso que en el lado argentino. Al final, en menos de 2 horas estábamos en nuestra casa. Nos parecía increible que estuvieramos tan cerca de nuestro país vecino y haber podido ver una realidad tan distinta a la nuestra.

Creo que en el verano no tenemos duda que partiremos otra vez hacia allá. Un lugar bueno, bonito y barato. Que más se puede pedir??.
más informacion:
http://www.interpatagonia.com/villapehuenia/index.html
http://www.villapehuenia.org/

1 Comments:
Great site lots of usefull infomation here.
»
Publicar un comentario
<< Home