jueves, abril 20, 2006

Recuerdos de vacaciones

Cuando la lluvia nos recuerda con insistencia que vivimos al sur del mundo, a veces aparecen con cierta nostalgia los días de vacaciones, donde el sol y la brisa tibia acompañaban nuestro caminar.
Este año, en las cortas 2 semanas, partimos a Chiloé (donde hace tiempo que no visitabamos a la parentela) y luego a Conguillío. Fueron días de desconexión total con lo cotidiano, donde pudimos disfrutar del cariño de los familiares que viven en Quellón y la naturaleza que la ciudad, en ocasiones, nos hace olvidar.
La tía Cuca, como siempre, nos acogió en la calidez de su casa, desde donde partimos todos los días a recorrer parte de la magia de la Isla Grande. Entre playa, campo, curantos, familias, amigos y mucha conversa, nos sentimos nuevamente parte de la familia que tenemos en ese rincón del país.
Con varios kilos de más y la alegría del reencuentro, partimos de vuelta nuestra región. Ahí enfilamos hacia la cordillera, rumbo al Parque Nacional Conguillio. La semana allí fue lo que nos faltaba para renovar las fuerzas. El cambiar la casa por una carpa, junto al lago y los bosques de araucarias, nos inyectó la energía necesaria para retomar el trabajo.
Hoy sólo nos queda esperar a que un feriado nos regale un par de días para arrancarnos a disfrutar de la nieve del invierno o la tranquilidad de un día de lluvia. Hasta el próximo verano ...

domingo, abril 16, 2006

adios amiga ...


Hace ya un buen tiempo que no escribía en mi blog, a pesar de que muchas cosas han pasado en este último tiempo: las vacaciones, la entrada al colegio de mis hijas, el comienzo de un nuevo año laboral, ...
Sin embargo, a veces, la vida nos tiene sorpresas inesperadas que nos remecen en lo más profundo y nos hacen volver al orígen de las cosas y a las preguntas más íntimas de nuestra existencia. El viernes recién pasado murió una mujer encantadora y llena de vida. Hoy estuvimos en la misa de despedida y en sus funerales.
Angélica, era una joven de 28 años y las vueltas de la vida hicieron que apareciera en nuestra vida. Yo había trabajado junto a su marido hace algunos años y, recién el año pasado, tuve la oportunidad de conocerla por temas de trabajo. Grande fue mi sorpresa al saber que era casada con alguien a quien tengo mucho aprecio y respeto. Luego, por esas casualidades de la vida, resultó que coincidimos en el mismo colegio y en el mismo curso, nosotros con nuestra hija mayor y ellos con su único hijo.
En el trabajo, ella inyectaba toda su energía, recordándonos cuando estábamos atrasados en algo, animándonos a comprometernos y manteniendo un espíritu de equipo entre los participantes de la Mesa que coordinaba. En el colegio, nos encontrábamos cada mañana dejando a nuestros hijos y, a mediodía y por la tarde, con mi mujer se volvían a encontrar para comentar de las tareas, las reuniones, los materiales y tantas cosas de lo cotidiano. Siempre estaba preocupada de que los niños estuvieran bien y de que no faltara nada.
Mañana, ya no la veremos como todos los días. Tendremos que resignarnos a que todo sea un poco más gris, sin su alegría y su pasión por la vida. Mañana, algo faltará en lo cotidiano. Mañana, de verdad la extrañaremos.
En estos momentos de dolor, sólo la fe anima nuestra esperanza y, aunque no tenemos respuestas, confiamos en que ella está acompañándonos junto a Jesús Resuscitado, animándonos a construir un mundo mejor para los más necesitados de esta tierra.
Angélica, nosotros seguiremos tus huellas en la construcción del Reino.